
Ya no podemos salir a la calle así como así. Cada vez se hace más difícil la vida privada de un globero de Collserola como yo. Fans por aquí, fotos por allá, entrevistas acullá, ... así es imposible entrenar. Que nadie piense que esto de la fama es algo agradable de sobrellevar. Hoy por la tarde-noche, ingenuo de mí, se me ocurrió salir a comprar unos parches para reparar el estropicio de ayer (después de ser abandonado por cinco hienas miserables en mitad del diluvio que se avecinaba). En la tienda estaba un tal Joan Antoni Flecha, que no paró de darme la brasa hasta que accedí a tirarme un par de fotos con él. Vaya perra le cogió al tío. Que si eres mi ídolo, que si ¿es verdad que le dais cancha al Salamero para que se crezca el hombre?, que si daría todos mis podiums de Roubaix y Flanders por salir un día contigo. Y yo, "venga, joder, si tampoco soy tanto como dices, Flechina"; y él, que sí, que sí, macho, que eres un monstruo y cosas así. Lo cierto es que el hombre se conocía mi palmarés al dedillo. Me mentó una a una todas mis gestas: "hay que ver cómo te cebaste con Gavilán en coll de Port, pobre mindundi", o "y cómo reventaste a Salamero volviendo de Andorra; y lo bien que le vino la excusa de que tenía el campeonato nacional".
En fin chicos, que envidio la vida anónima que lleváis vosotros, sin nadie que os acose, sin autógrafos, sin esas fans persiguiéndoos por todas partes. Pero cuando uno ha nacido marcado para el éxito, qué le va a hacer. Total, si con un mínimo esfuerzo por mi parte el Flechina se llevó a casa el recuerdo de su vida. Ya veis lo que me costó hacerle feliz.