sábado, 4 de diciembre de 2010

El regreso del patrón.



Muchachos. Después de mes y medio de preparación científica y abnegado sacrificio, por fin llegaba el día en el que había puesto todas mis ilusiones: el día en que me tocaba asaltar el campeonato de Uropa, destronar al vigente campeón y tocar el cielo. Mi gozo en un pozo. Javier se presentó, después de un largo periodo de inactividad, con un prototipo de Orbea del todo ilegal. Sus ruedas de siete leguas (29 pulgadas) iban a poner muy duro mi asalto. A la cita acudieron también dos fenómenos que esperemos se incorporen al grupo en adelante: el Mole y Iván. Iniciamos ascensión hacia can Borrell, y en el primer repecho se desvanecían mis ilusiones. "Este hombre no puede haber pasado dos veces por el quirófano, joder", mascullábamos incrédulos entre dientes. "Son las ruedas", reía Salamero socarrón (so cabrón, decía yo para mí). La siguiente media hora, la pasó Salamero jurando y perjurando que no quería meterse en el senderito. Yo insistía en que quería enseñarles esta joya a nuestros dos invitados. "Os acompaño hasta la entrada y os recojo en la salida". Pero su alma ciclista y su deseo de volver a la normalidad pudieron más que su templanza, y tal como vio la entrada, se metió como un ratón en su madriguera.

Ya en el almuerzo, fue un placer compartir el desayuno con Javier vestido de lagarterana. Al evento faltó Josep, que tuvo que recogerse pronto a casa, y dos frailes glotones, que se zamparon su Cantábrico y su Tortilla a carrillos llenos, y tomaron las de Villadiego haciendo gala de su falta de modales y su exceso de cobardía. A ningún globero se le escapó que su precipitada huida se debió al miedo, más que a otra cosa. Vergonzoso que pusieran como excusa a sus mujeres. Por favor, brase visto.

El regreso de Javier solo yo pude verlo y fotografiarlo. Llegó a casa fundido, pero seguro que satisfecho por haber regresado a la normalidad, y ilusionado con volver muy pronto al nivel que le corresponde.



Por lo que a mí se refiere, esperaré pacientemente el asalto a la corona en una mejor ocasión.